El día que hablamos

3 ene. 2015

Me encuentro postrado en una cama. La luz mortecina de un día gris de invierno se filtra entre las cortinas de la ventana. A mi lado, dos novelas de un autor anónimo reposan: una llena de odio y tristeza, y la otra, de amor y esperanza. Dos obras que desde siempre han formado parte de mí. Espero a que la muerte haga su aparición. Tarde o temprano lo hará; solo tengo que esperar a que el monitor cardíaco cante mi fin.
Un reloj de mesa da las dos de la tarde. El sonido retumba por toda la casa, y ahoga el llanto de mis propios pensamientos.
Desde donde me encuentro, puedo escuchar los lamentos y risas de toda una vida pasada. Para no oírlos, me sumerjo en mis recuerdos agridulces; solo espero encontrar uno que me lleve de la mano a la tumba.
Y entonces los encuentro. Mis recuerdos. Sus recuerdos. Los recuerdos que formamos juntos.
La encuentro a ella, y me zambullo en la marea de nuestras memorias.


Recuerdo como si fuese ayer el primer día que nos hablamos. Fue al principio de nuestro penúltimo año de instituto, justo después de las vacaciones de Navidad; ambos teníamos dieciséis años por aquel entonces, pero el aura que desprendía ella era mucho más madura y solitaria. Había llegado ese mismo curso al instituto, y ambos hacíamos ciencias, por lo que compartíamos la mayor parte de las clases; sin embargo, no habíamos intercambiado palabra. En realidad, ella no había intercambiado palabra con nadie, o al menos no por iniciativa propia. No era una persona tímida: siempre que alguien le preguntaba algo, respondía con total seguridad y sin pensárselo dos veces. Creo que simplemente, no le gustaba estar con la gente.
La recuerdo sentada en clase. No sé por qué, pero siempre que pienso en ella, la relaciono con los días más fríos de invierno, aquellos en los que las ventanas de clase estaban empañadas por el calor de todos los alumnos en contraste con el frío de fuera. La recuerdo siempre vestida de negro, gris o azul oscuro; creo que nunca la vi vestida con colores alegres. Y siempre, siempre llevaba una bufanda o un pañuelo, incluso en verano. Su cabello negro, largo y liso, lo llevaba siempre suelto, y su flequillo solía cubrirle los ojos.
Siempre había tenido curiosidad por ella, desde el primer día que la vi, pero nunca tuve el coraje de acercarme a ella y entablar una conversación. Probablemente fuese por las vibraciones que transmitía; pensaba que si hablábamos, iba a pasar todo el día con la cabeza gacha, lleno de tristeza.
El primer día que hablamos, me armé de valentía. Durante las clases no me aproximé a ella, por eso decidí que a la hora del recreo la seguiría a donde fuese. Sentía una gran necesidad por escuchar su voz, o mirarla a los ojos por primera vez. Ella era, para mí, el más grande enigma del universo. Y, para un chico de dieciséis años, no había nada más excitante que descubrirlo.



¡Hola, pececillos! ¿Cómo estáis?

¿Os ha gustado el relato de hoy? ¡Pues es el inicio de un proyecto que acabo de empezar! La verdad es que es una novela a la que llevo dándole vueltas un tiempo, y al fin la he empezado. Va a ser una obra muy dramática, una novela de primeros amores, de nostalgia y de melancolía. ¡Estoy muy emocionada! Mientras vaya escribiendo, os iré trayendo fragmentos como el de hoy. Espero que os guste^^

2 comentarios:

  1. Me gusta un montón como escribes :O
    Me acabas de dejar con ganitas de saber que pasa, ¿quién es él? ¿Y ella? ¿Qué les pasa? ¿La habla? T.T
    Estaré esperando más noticias sobre tu proyecto♥
    Besitos<3

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    1. ¡Muchas gracias! Me acabas de alegrar el día^^

      En nada sabrás un poquito más :D Cuando acabe el primer capítulo (que empieza justo después del gif), os lo traeré completo^^

      ¡Besitos!<3

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